domingo, 27 de octubre de 2019

El efecto pigmalión en Educación: La profecía Autocumplida en Tdah y Alta Capacidad.

El efecto pigmalión en Educación

El efecto pigmalión hace referencia a la capacidad de influencia que tienen las expectativas de una persona respecto a otra.

El mito de Pigmalión

Cuenta la leyenda que el Rey Pigmalión de Chipre era un gran escultor. El rey  había buscado esposas pero ninguna era perfecta para él. Había dejado de creer en el amor así que se dedicó a hacer bellas esculturas de piedras. Un día se propuso esculpir la mujer de sus sueños y con forme la fue creando se fue enamorando de ella. Incluso, empezó a tratarla como si de una mujer real se tratara, la vestía, la desvestía, la besaba y la abrazaba. Un día Afrodita, la diosa del amor, conmovida por el amor de Pigmalión hacia la estatua decidió concederle su deseo y la convirtió en una mujer de verdad. Al tacto de un beso de Pigmalión, Galatea, que así se llamaba, tomó su primer aliento de vida y así el rey Pigmalión tuvo la esposa de sus sueños.
Desde este efecto, se considera que las expectativas que otra persona tenga sobre una influye y puede llegar a modificar aspectos conductuales, emocionales e, incluso, biológicos en esta persona a través de su interacción.

 

Estudios de psicología sobre el Efecto Pigmaleón.

Uno de los estudios de psicología clásicos que comprobaron este efecto en el ámbito académico es el estudio de Robert Rosenthal y Lenore Jacobson en una escuela de California. Pasaron pruebas de un test que media el coeficiente intelectual de los niños y las niñas de la escuela. Después les dijeron a sus maestros y maestras que el test revelaba de forma muy certera que niños a final de curso iban a destacar y tener grandes mejoras académicas. Sin embargo, los alumnos y alumnas fueron elegidos por azar no por los resultados del test.
Al finalizar el curso, las mediciones y los resultados obtenidos comprobaron que efectivamente los niños y niñas que habían sido seleccionados habían incrementado su rendimiento académico y su coeficiente intelectual de forma muy notable en comparación con los no seleccionados.
Esto ponía de relieve que las expectativas del docente sobre su alumnado tenian gran influencia sobre el comportamiento de éste y su rendimiento académico e intelectual.
Este efecto se conoce también como la profecía autocumplida, mas adelante podrás visualizar un video al respecto,  en tanto que creer en una cosa nos hace crear las acciones necesarias para que suceda.

Robert Rosenthal y Lenore Jacobson

Los autores del estudio observaron 4 factores que habían hecho posible que esos cambios se produjeran.
1.    Se genera un clima emocional más cercano. Gran parte de la información que transmitimos en nuestras comunicaciones con el otro son inconscientes, especialmente, el lenguaje corporal, el tono, los gestos, miradas, sonrisas…
2.    Se les enseñaba más materia. Como el maestro consideraba que el alumno tenía capacidad de aprender más, se esforzaba en explicar nuevos contenidos académicos y tenía una actitud más exigente. Si el profesor no cree que el alumno tenga más capacidad puede aceptar respuestas incompletas o incorrectas.
3.    Se les preguntaba más a menudo. Se les preguntaba con más frecuencia y con más dificultad. Se les daba más tiempo para responder, se les sugerían alternativas de respuesta, se les interrumpía menos y se les daba más oportunidades de responder.
4.    Se les elogiaba más. Se les animaba y alaba más para conseguir mejores resultados.
Estos niños y niñas aumentaron sus habilidades en ciertas materias simplemente porque su adulto de referencia en ese área de referencia, el profesor, creyó que ellos eran capaces de destacar en la materia.

Aplicación en la educación de nuestros niños y niñas

Como padres y madres tenemos ese mismo poder.  Tú, mama o papa, eres el principal modelo del niño para la vida.
El poder que tienen tus palabras, los mensajes que le envías sobre lo que piensas, crees o quieres que sea muy probablemente marcarán su desarrollo personal.

Los niños y niñas desarrollan su autoconcepto y su autoestima en función de eso que esperan de ellos las personas que les rodean, para lo bueno y para lo malo.
Se dice que existe el Efecto Pigmalión en positivo cuando tiene efectos positivos en la autoestima y el comportamiento del niño. Y el Efecto Pigmalión en negativo, cuando tiene consecuencias negativas sobre el bienestar emocional del niño y en su comportamiento.
Así que mucho cuidado con frases como « este niño es un trasto, es que no para, me vuelve loca«, » es un flojo«, » si es que no vale para los estudios«, pero también con las expectativas «en positivo» que sean demasiado exigentes «mi chico siempre gana todo» » él siempre saca buenas notas y que no me entere yo de lo contrario«, » él es muy bueno, no molesta ni dice nada a nadie«… Hay infinitas frases que escuchamos día a día y que no nos paramos a reflexionar sobre las consecuencias que pueden tener en nuestros hijos e hijas pero esto esta para otro día.
Lo ideal, como padres y madres, o docentes, sería aprender a mirar al niño desde la aceptación incondicional de su persona tal y como es, intentando evitar juicios sobre su persona y represiones sobre su forma de pensar o sentir. Que aprendamos a reconocer en él sus habilidades, sus cualidades únicas y sus logros tendrá un efecto muy positivo en el pequeño, generará un vínculo seguro con nosotros como adultos y le ayudará a expresar lo mejor de él mismo.
Es importante que como adultos y adultas seamos conscientes y no carguemos al niño  o la niña de nuestras expectativas o metas no alcanzadas, y nuestros deseos insatisfechos. Para eso, hemos de reflexionar sobre cómo nos sentimos nosotros y nosotras en el proceso de educación. Profundizar en nuestras creencias sobre lo que es la infancia, lo que es la vida, los límites, el amor o el respeto. Y reconocer  y liberar aquellas heridas y creencias bloqueantes que no nos están facilitando las relaciones con nuestros niños y niñas desde la tranquilidad y la armonía.

El Efecto Pigmalion en AACC

Las consecuencias de no reconocer el talento

Algunas investigaciones han mostrado que sólo de un 10% a un 20% de los niños con altas capacidades son reconocidos por los maestr@s de infantil y primaria. Esta cifra se eleva en el mejor de los casos al 50% en secundaria.
Tanto la familia como los profesores pueden ser un factor de deterioro de la inteligencia por el proceso del Efecto Pigmalión Negativo. Al parecer, si los padres y maestros aprecian la capacidad del niño se encuentra por debajo de cómo es en realidad, el niño tenderá a manifestarla sólo dentro de los límites esperados. Este peligro es mayor en las familias socioculturalmente desfavorecidas y en las familias que se muestran poco interesadas en la evolución de sus hijos.
El grupo de compañeros al que pertenece el niño tiene también una influencia no despreciable en este fenómeno. El niño o niña de alta capacidad no debe desbordar de una forma excesiva las normas del grupo bajo pena de verse rechazado por él.

La importancia de una correcta valoración de las capacidades intelectuales

Al considerar el efecto Pigmalión negativo, Terrassier añade que el niño elabora su representación de sí mismo de acuerdo con la imagen reflejada por un entorno incapaz de reconocer sus capacidades. De ello resultarán inhibiciones intelectuales unidas al sentimiento de que toda expresión de la inteligencia es una fuente de culpabilidad.
De ahí la importancia de realizar una correcta valoración y las implicaciones a nivel emocional que tiene el ser un niño con altas capacidades, es fundamental el concepto que del niño tenga el profesor o profesora que trabaje con él, ya que le va a beneficiar directamente en su autoestima. El maestro que nada sabe de la precocidad de un alumno, esperará de él solamente una eficiencia normal y lo estimulará a trabajar muy por debajo de su capacidad.
¿Qué acciones definen nuestras expectativas?
Muchos investigadores han descrito qué acciones específicas reflejan bajas expectativas sobre nuestros alumnos. He usado las categorías descritas por Robert Marzano (2010), sobre nuestro tono afectivo y nuestras interacciones académicas para hacer un resumen :
ACCIONES QUE REFLEJAN BAJAS EXPECTATIVAS.
TONO AFECTIVO
INTERACCIÓN ACADÉMICA
Menor contacto visual
Sonries menos
Menos contacto físico
Se sienta más lejos.
Estableces menos conversaciones ligeras, o bromas.
Usas lenguaje condescendiente del tipo “Esta bien, ya lo harás mejor la próxima vez”
Muestra una actitud molesta
Le nombras con menos frecuencia
Esperas menos tiempo por sus respuestas.
Le planteas menos preguntas retadoras.
Le preguntas menos de forma específica.
Indagas menos en sus respuestas.
Le felicitas por respuestas menos rigurosas.
Le das las respuestas sin dejar que las busque por si mismo.
Usas modelos simples de presentación y evaluación.
No exiges que presente los deberes a tiempo.
Usas comentarios como “Anda, me sorprende que hayas acertado”.
Usas menos elogios.
Lo contrario también se da. Cuando tenemos altas expectativas sobre nuestros alumnos también actuamos de una foma determinada. ¿Cuáles de estas acciones reconoces?
ACCIONES QUE REFLEJAN ALTAS EXPECTATIVAS
TONO AFECTIVO
INTERACCIÓN ACADÉMICA
Más contacto visual
Más sonrisas
Más contacto físico
Se sienta cerca de ti.
Entablas conversaciones intranscendentes o bromas.
No usas un lenguaje condescendiente
Le nombras más a menudo
Le das más tiempo para responder
Le planteas preguntas que suponen un mayor reto.
Le preguntas de forma específica
Indagas en sus respuestas.
Le exiges rigor en sus respuestas para ser premiado.
Usas modelos complejos de presentación y evaluación.
Exiges los deberes en el plazo indicado
Usas más halagos.
Me he dado cuenta que muchas veces actuamos de esta forma inconscientemente, sin darnos cuenta que lo estamos haciendo. Es importante estar atentos a los actos que pueden reflejar alta o baja expectativa de forma que podamos monitorizarnos a nosotros mismos, y modificar nuestra conducta si es necesario.
La motivación lleva al éxito.
Los profesores deben mostrar altas expectativas para cada uno de sus alumnos, más aún cuando nuestros alumnos tienen bajas expectativas sobre si mismos. Es vital que examinemos nuestros prejuicios para asegurarnos que somos capaces de dar una oportunidad de éxito también para aquellos estudiantes con dificultades. Después debemos analizar nuestro comportamiento para determinar si son reflejo de lo que pensamos.
Haciendo que nuestras acciones y nuestra palabras muestren altas expectativas respecto al rendimiento de cada uno de nuestros alumnos, no sólo motivamos a nuestros alumnos con dificultades, sino que les ayudamos a lograr mayores éxitos.
Artículo publicado en MiddleWebTraducido por La Rebelión del Talento.
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El EFECTO PIGMALION NEGATIVO
 Muchos de estos alumnos padecen lo que los psicólogos llaman “Efecto Pygmalión Negativo” y que no es más que una adaptación de la conducta y rendimiento académico a las expectativas que el maestro o el centro, o incluso el sistema vuelcan sobre él. Cuando no existe un plan de intervención educativa específica para este alumno, las expectativas sobre su rendimiento se igualan, en el mejor de los casos, a las expectativas sobre el resto del alumnado. Pero puesto que su capacidad de aprendizaje es mayor, al esperar de ellos lo mismo que del resto, en realidad estamos mandándoles la señal de una baja expectativa en términos de relación con su potencial. De esto modo el alumno tiende a pensar que quizá su potencial no es tan alto, que quizá no es cierto que pueda rendir a un nivel superior, que quizá no es siquiera inteligente. Y como consecuencia de ello desarrolla baja autoestima académica que puede provocar bloqueos que generan a su vez dificultades de aprendizaje. El alumno, a pesar de su potencial o de su rendimiento superior, rechaza ahora el aprendizaje, las tareas, y cualquier nuevo reto que su educación le plantea. Si no observamos este comportamiento a tiempo, y no actuamos sobre su origen, pronto el alumno empezará a mostrar un bajo rendimiento y provocar que todo su entorno dude de su capacidad, ahondando, aún más, en el origen de su comportamiento.
Es por esto que la intervención educativa eficaz, el mantener altas expectativas, también sobre este alumnado, retar y estimular su potencial y sacarles de su zona de confort, es tan importante para ellos como lo es para los alumnos con dificultades y el resto de la clase.

Qué hacer para evitar el Efecto Pigmalión Negativo:

Actualmente los centros que se dedican a acompañar y potenciar los niños y niñas con altas capacidades se fijan como objetivos:
1.     Ofrecer al niño un medio ambiente tolerante que le permita expresar sus diferencias y tener conciencia de ellas.
2.     Agrupar a estos alumnos en cursos de enriquecimiento para dar respuesta a sus necesidades e intereses y mantener así la motivación por aprender.
3.     Adecuación de la escuela al alumnado de alta capacidad.

Un alto nivel intelectual no se mantiene forzosamente durante toda la vida. Conviene reforzar los comportamientos de estudio y la voluntad de aprender del alumno. La existencia de la escuela no puede justificarse sin una base pedagógica de esta clase.
Autores de todas las tendencias están de acuerdo en decir que las instituciones de enseñanza no consiguen, por lo general, dar al niño una educación en función de sus necesidades.
Los niños corren el peligro de acostumbrarse a trabajar por debajo de sus posibilidades y a pasar las horas de clase soñando despiertos.
Los niños y niñas de altas capacidades son esencialmente iguales que cualquier otro niño o niña. Tener una capacidad intelectual superior, y por tanto un funcionamiento mental más rápido, no garantiza un desarrollo social, afectivo y personal igualmente avanzado.
No debemos permitir el tener que elegir al alumno entre le desarrollo Social o el desarrollo intelectual, algo que podría darse en la aceleración curricular, plantear previamente el enriquecimiento, la compactación, los clubs de talento, pedagogías activas, aprendizaje cooperativo, colaborativo, dialógico, servicio, por proyectos, basado en juego, gamificando el aula así como el uso de TIC/TAC, flexibilizando los aprendizajes y fomentando el potencial del todo el alumando sería una propuesta previa a la aceleración dependiendo el caso concreto, que podrían valer tanto para el alumando con Altas Capacidades, Tdah, como el resto de la clase.
Las expectativas del profesor: factor determinante.
Desde 1964 se han realizado numerosas investigaciones sobre la influencia de las expectativas (prejuicios, pronósticos, anhelos e intencionalidades) de los docentes tanto en el rendimiento como en la conducta de los alumnos. Todo apunta a la conclusión de que las expectativas del profesor suponen uno de los factores más poderosos en el rendimiento escolar de sus alumnos. Por lo que, si un profesor espera buenos resultados de sus alumnos, el rendimiento de éstos se aproximará mucho más a su capacidad real que si los espera malos. 
“Los pronósticos se hacen realidad”, es una expresión que aparece en la mayoría de los estudios anglosajones, quienes han acuñado la expresión “self fulfilling prophecy” (profecía autocumplida) para referirse al fenómeno en el que las expectativas tienden a realizarse.
 El “efecto Pygmalión” en el aula es uno de los datos más uniformemente confirmados en la psicología actual, por lo que una relación cordial entre profesor y alumno, así como una fe auténtica por parte del profesor en la posibilidad de superación del alumno, es difícil que, al menos a largo plazo, no favorezcan resultados positivos. Debemos señalar que en este proceso la fe del educador en sus propios recursos desempeña un papel de suma importancia. Un maestro con altas expectativas sobre si mismo, tendrá a su vez altas expectativas sobre su alumnado.
Principales conclusiones que se han verificado del “efecto Pygmalion” en el aula:
  1. Las expectativas positivas y realistas del educador influyen positivamente en el alumno (“pygmalión positivo”); las negativas lo hacen negativamente (“pygmalión negativo”). Tanto es así que los educadores más eficaces se suelen distinguir por su actitud de “pygmaliones positivos”, y los menos eficaces por lo contrario.
  2. Los alumnos tienden a realizar lo que sus “pygmaliones positivos” o “negativos” esperan de ellos; en términos generales, las expectativas negativas parecen comunicarse más fácilmente que las positivas. También el comportamiento no –verbal del “pygmalión” es más influyente que el meramente verbal.
  3. Las expectativas positivas y realistas del “pygmalión positivo” no hacen sino potenciar lo que ya está de modo latente en el alumno, creando en el aula un ambiente más proclive al crecimiento y aprovechamiento de éste, proporcionándole más información, respondiendo con más frecuencia e interés a sus esfuerzos, dando más oportunidades para ser preguntado y dar respuestas, …. El profesor, con sus palabras, el modo de decirlas y el momento de decirlas, con la expresión de su cara, sus gestos, el contacto visual…, en definitiva, con su forma de tratar al alumno, comunica a éste el concepto positivo que su persona le merece, despertando así en él una mayor autoconfianza y autoestima, que le alienta y le motiva a rendir más y mejor.
  4. Finalmente, la efectividad del “efecto pygmalión” depende en gran medida de la autoestima del propio “pygmalión”. Generalizando, podríamos decir que, el mejor “pygmalión positivo” de sí mismo es el mejor “pygmalión positivo” de sus alumnos. Esto es, el educador que posee una alta autoestima con frecuencia es el más efectivo a la hora de inspirar una autoestima más elevada en sus alumnos.
Para finalizar, recomendar a los docentes que, siguiendo normas de reconocidos psicopedagogos como Purkey y Coopersmith, pusiesen todo de su parte para crear en sus aulas un ambiente caracterizado por los siguientes factores:
  1. RETO, esto es, que propongan metas altas pero alcanzables, para que su alumno pueda descubrir su capacidad de rendimiento.
  2. LIBERTAD de equivocarse, para que el alumno aprenda a tomar decisiones propias, sin temer a equivocarse, a ser rechazado o humillado, y que se sienta libre de amenazas y chantajes.
  3. RESPETO pleno a la persona del alumno, porque si se le trata con verdadero respeto, su autorrespeto aumentará y aprenderá a respetar a los demás.
  4. CORDIALIDAD, pues se ha comprobado que existe una correlación positiva entre la cordialidad del educador en el aula y la autoestima del alumno.
  5. DISCIPLINA, porque se ha demostrado que los jóvenes educados en un entorno excesivamente permisivo suelen tener menos autoestima que los formados en un entorno razonablemente estructurado, firme, exigente y, a la vez, cordial. Esto es, una disciplina que brote del interés cordial del educador por el alumno.
  6. ÉXITO, es decir, un estilo educativo más orientado a fomentar y facilitar el éxito que a subrayar y corregir el fracaso, ya que, generalmente, nos percatamos más de nuestros recursos a través del éxito que del fracaso. El elogio adecuado es más conducente al rendimiento escolar satisfactorio que la crítica y la corrección punitiva.
Sigue estas 6 orientaciones en clase orientada a todo el alumnado, veras como cambia el clima aula, y las relaciones inter e intrapersonales con tu alumnado y como revertirá en su conducta, autoregulación emocional, confianza, interés, motivación y rendimiento.

Video : “Efecto Pygmalión o la autoprofecía cumplida”:

“La vida de un niño es como un trozo de papel en el que todos los que pasan dejan una señal”
(Proverbio chino)
Bibliografía y Referencias:
Barbara Blackbun (autora del artículo ¿Tenemos grandes expectativas sobre nuestros estudiantes?) es autora de éxito de 15 incluidos Motivating Struggling Learners: 10 Ways to Build Student Success. Una experta reconocida en las áreas del rigor, persistencia y motivación, colabora con diferentes escuelas y distritos para el desarrollo profesional. Puedes seguir a Bárbara en su website or her blog. O en Twitter @BarbBlackburn.
Pérez, L. y Domínguez, P. (1997): Intervención curricular en alumnos de altas capacidades. En Martín, C. (Ed.), Superdotados problemática e intervención. Universidad de Valladolid.
Marzano, R. J. (September, 2010). High expectations for all. Educational Leadership, 68 1. ASCD.
Pérez, L. y Domínguez, P. (2001): Escala para la evaluación de la aceleración. Madrid: ICCE.
Rodríguez de la Torre, M. E. (2003) Stop al fracaso escolar. El cerebro al 100%. Barcelona. Editorial Grijalbo.
Terrassier, J. C. (1985): Disincronía: desarrollo irregular, en Freeman, J. Los niños superdotados: aspectos psicológicos y pedagógicos. Aula XXI-Santillana. Madrid.
Puedes ver el artículo original en este enlace : http://www.middleweb.com/24030/do-we-really-have-high-expectations/

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